viernes, 9 de febrero de 2007

Irma 2

1973.-

Irma se crió entre todo el lujo que podía rodearla por puro azar, la férrea (pero cariñosa) mano militar de su padre y la intuición aguda de su madre.

Ah!... y el arte.

El arte que la zarandeó desde pequeña, avasallándola y haciéndole creer que lo celeste y lo terrenal iban ora juntos, ora separados, pero sin normas.

Paris a sus pies, y por delante de su nariz. Irma se hizo experta en arte. Y un poco artista. Y un poco empezó a enloquecer.

No recuerdo muy bien a qué edad llegó Irma a la ciudad que acunaba desde hacía ya tiempo, a su futuro esposo, un actor de segunda con muy buena presencia y con un cierto aire a Errol Flint. Quizá por eso era actor. Quién sabe.

Cuando el Errol de segunda se enteró que Irma la segunda esperaba un hijo, éste se marchó en barco a las Américas y fue a dar con sus huesos al Chile más austral que nadie se pueda imaginar.

Sin embargo, Irma, a pesar del desengaño y el trastorno fue fiel en un aspecto: le envío religiosamente y sin reproches cartas y fotografías de su preciosa hija Irma nacida en el Cairo. Y de alguna forma él respondía, únicamente a su hija, estableciendo de forma clara alguna especie de trenza universal que sólo puede explicarse en el misterioso hecho de ser padre y ser hijo. Irma creció amando a su padre y soñando con el verde del sur y el azul del pacífico.

Irma mientras tanto fue enloqueciendo inexorablemente, ya no por el arte sino por la soledad. El intento de ser madre le anegaba y dejaba al descubierto lo poco que sabía de la vida. Y nadie juzgaba esta condición más duramente que ella misma. Y por tanto se rendía. Se rindió. Y entonces Irma la segunda y la tercera quedaron en manos de Irma la primera, y así fue como una única Irma que sostenía en realidad a las tres.

La segunda Irma se suicidó. Una noche se subió a la azotea de su nueva residencia y se lanzó al vacío. Allí acabó un sufrimiento y empezó uno nuevo para dos. Pero rota la unión de las tres, se adivinaba lo que vendría a continuación.

Y vaya si es triste y duro de escribir tantos años después, pero son esas cosas que a veces recuerdas y no sabes ni contar en voz baja.

Irma murió de tristeza y de soledad.

La tercera heredó todo lo que quedó, que no era poco. Sin embargo, Irma se deshizo de todo lo que había, lo material, lo tangible, lo histórico, las personas, los lugares, se marchó de todo, incluso de su nombre. Irma nunca más.

Y olvidó estas historias. Pero por razones que de alguna manera importan, yo no.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Mi madre


acaba de enviarme un email que incluye una foto y un mensaje:

"Hijo, he renovado mi pasaporte y esta es la foto carnet que me he hecho. Si puedes imprímela en pequeño, guárdala en tu cartera y muéstrasela a mis nietos cuando ellos quieran ver a su abuela. El tiempo pasa muy rápido y nunca apreciamos cómo vamos cambiando. Un abrazo gigante."

Mi madre es muy sentimental y un poco filosófica.

Me pregunto que pensarán sus nietos sobre tener una abuela tan pixelada.

Últimamente

suelo tener en la boca nuevas frases. Y es una cosa que ocurre y que cambia de tiempo en tiempo.

"Ese comentario podías habértelo ahorrado".
"En principio, y si nada imprevisto sucede".
"Yo haré lo que tenga que hacer".
"Dame tu boca un rato".

No me había fijado conscientemente en ello hasta el momento en que he soltado una de esas de allí arriba ostensiblemente cabreado.

Que lejanos los tiempos del "tú mismo".

martes, 6 de febrero de 2007

Necesito


un azucarero nuevo.

Y desde que escuché en boca de una sabia mujer que es una cosa muy personal, ya no vivo en mi cada vez que pienso en la glucosa.

Porque según ella, el azucarero define un poco la personalidad de quien lo usa.

Y esto de ir a un "todoacien" o a Ikea a comprar un poquito de personalidad me intranquiliza bastante.

Si, ya sé. Soy un diabético de la autoestima.

¿Me regalais dos cubitos de azucarero?

lunes, 5 de febrero de 2007

Cuentos de Tito

Tito es el nombre que da Andrea a todo lo que se parezca a un conejo. Tito es azul o es blanco según la habitación donde estemos. Tito es grande o pequeño y por alguna razón, a veces lleva bandana de seda o bufanda de lana. Tito aparece en un cuento de Alicia o en una pantalla TFT. Da lo mismo.

Hoy hemos hecho dos cosas nuevas con Tito.

La primera es que se ha encargado de recoger sus bufandas de seda. Esas que deja desperdigadas por toda la casa. Normalmente las recogía Andrea, pero hoy por alguna razón especial, ha sido Tito. Aunque pensándolo un poco, la razón es fácil de compartir: ha sido mi voz, que sorprendentemente (para Andrea y para mi) se ha dirigido a Tito con toda naturalidad como si tuviera vida.

Y vida ha tenido entonces.

Oh-Oh!... ¿de eso se trata lo de mover el mundo sin usar las manos?

Lo segundo que hemos hecho es contar un cuento para dormir. No leído. Contado. Tradición oral y nuevamente la voz como elemento catalizador de una noche de inauguraciones. Como no podía ser de otra forma, hemos contado el cuento de un conejo, de dos, de tres conejos que vacilan a un tigre despistado, grande y que se cree más listo que un conejo, que dos, que tres.

Aunque el Tito sea uno solo. O dos. O tres. Da igual. Se multiplica y alcanza todas las estancias...
... todas las historias.
... todas las Andreas.
... alcanza de un salto todo lo tangible e intangible.

... como la voz.

domingo, 4 de febrero de 2007

Me llama

y cuelga.
Yo estoy rebuscando entre listas musicales alguna melodía que no consigo recordar.
Le devuelvo la llamada y hablamos de fados, de tazas, de las "cosas" que son tristes y nos emocionan.
Hacemos una pausa.

Volvemos a los fados, al flamenco, a la ópera, al Johansen, al Cerati.
Mientras hablamos yo escucho a éste último y voy poniendo en la lista de reproducción a todos los anteriores.
Encuentro una canción de Tears for Fears que hace tiempo quiero unir a una pequeña historia que ya he escrito.
Nos decimos "adió, adió" y todos quieren gobernar al mundo.

=