Ah!... y el arte.
El arte que la zarandeó desde pequeña, avasallándola y haciéndole creer que lo celeste y lo terrenal iban ora juntos, ora separados, pero sin normas.
Paris a sus pies, y por delante de su nariz. Irma se hizo experta en arte. Y un poco artista. Y un poco empezó a enloquecer.
No recuerdo muy bien a qué edad llegó Irma a la ciudad que acunaba desde hacía ya tiempo, a su futuro esposo, un actor de segunda con muy buena presencia y con un cierto aire a Errol Flint. Quizá por eso era actor. Quién sabe.
Cuando el Errol de segunda se enteró que Irma la segunda esperaba un hijo, éste se marchó en barco a las Américas y fue a dar con sus huesos al Chile más austral que nadie se pueda imaginar.
Sin embargo, Irma, a pesar del desengaño y el trastorno fue fiel en un aspecto: le envío religiosamente y sin reproches cartas y fotografías de su preciosa hija Irma nacida en el Cairo. Y de alguna forma él respondía, únicamente a su hija, estableciendo de forma clara alguna especie de trenza universal que sólo puede explicarse en el misterioso hecho de ser padre y ser hijo. Irma creció amando a su padre y soñando con el verde del sur y el azul del pacífico.
Irma mientras tanto fue enloqueciendo inexorablemente, ya no por el arte sino por la soledad. El intento de ser madre le anegaba y dejaba al descubierto lo poco que sabía de la vida. Y nadie juzgaba esta condición más duramente que ella misma. Y por tanto se rendía. Se rindió. Y entonces Irma la segunda y la tercera quedaron en manos de Irma la primera, y así fue como una única Irma que sostenía en realidad a las tres.
La segunda Irma se suicidó. Una noche se subió a la azotea de su nueva residencia y se lanzó al vacío. Allí acabó un sufrimiento y empezó uno nuevo para dos. Pero rota la unión de las tres, se adivinaba lo que vendría a continuación.
La tercera heredó todo lo que quedó, que no era poco. Sin embargo, Irma se deshizo de todo lo que había, lo material, lo tangible, lo histórico, las personas, los lugares, se marchó de todo, incluso de su nombre. Irma nunca más.

