Unido al hecho de que soy idiota y que prefiero mirar tres pollos a atender una chica que me habla, llevo un buen rato intentando escribir una carta en inglés y no me acaba de salir como quiero.
Busco una palabra que no sé cómo traducir.
Así que estoy perdiendo el tiempo, escuchando le 11 y 6 de Fito, editando fotos, escribiendo un par de ideas para Swibel y Spica y pensando que esta semana va a ser complicada.
Procastrinación aparte, Fito Paez, sugiere que si te cruzas con él por la calle y no te saluda, no es que sea antipático sino que está pensando en su propia muerte o algo así embebido en una metáfora de brisa que se le pasa y que es la intuición de su destino.
Que morro.
Bonita excusa para un antipático.
Al mismo tiempo, leo un libro donde el protagonista hace cursos por correo con cintas de audio, y cuando no está de acuerdo con alguna idea, rebobina una y otra vez hasta que comprende lo que la frase quiere decir. Si lo dice alguien que sabe más que él, hay que esforzarse en descubrir lo que allí hay dentro. Debería probar con lo que dice Fito, ya que no estoy muy de acuerdo.
Lo cual me lleva a recordar que tuve un profesor de física, que decía que la probabilidad de que una tiza atravesase una pared, existía y era real. Muy pequeña, pero real. Había una diminuta posibilidad de que los átomos vibrantes de una pequeña tiza, “coincidieran” exactamente con la vibración de los átomos vibrantes de una pared cualquiera, y en un preciso momento, todos los espacios coincidiesen dejando pasar la tiza a través de la pared, pulcra y sorprendentemente.
Y entonces, ¡ZAZ!, lanzaba la tiza contra la pared...
... y esta rebotaba y despertaba nuestras mentes –y nuestra risa-.
Por eso, no hay que dejar de lanzar la tiza contra la pared. Ni el profesor, ni yo, ni usté, ni tú, ni tú, ni tú.
Hay una remota posibilidad de que ese lance único suceda.
Ya tengo la palabra que intentaba traducir.
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lunes, 5 de noviembre de 2007
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