Tengo 15 minutos para comer algo, antes de entrar al cine.
Entro en el bar de Lempika, a por un cortado y una tarta. Es el bar donde recogí el libro de las mujeres viajeras y que dejé luego en un bar de Gran Vía.
Reconozco a la María José, que me dejó el libro la primera vez.
Pido una tarta de queso y el café.
María José me reconoce y me recuerda de la foto que hice del dios mono y la tarjeta del restaurante. Me cuenta, junto con su compañera que han usado la foto en su blog y en su página web. Hablamos algo de fotos, y todo lo que se puede hablar en cinco breves minutos. Gente de la calle. Gente de Madrid.
Traigamos a esa gente al bar.
Está muy bien esto de la fotografía, abre vertientes que no pensé que fueran posibles para mi. Me invitan a llevar algunas fotos y exponerlas en el local.
Yo alucino.
Acepto.
Aceptan.
Tengo que elegir algunas fotos y volver luego a por otra tarta y un café.
Y lo mejor, es que tengo una idea para todo este tema.
Creo que estará bien. Madrid necesita de más entropía.
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3 comentarios:
Quiero comer esas fotos. Ver esa tarta. Probar esa café. Saborear esa entropía.
¡Quiero fotos de las fotos!
Maldita sea, a veces me pregunto por qué vivo aquí, si todo pasa ahí.
Todo pasa siempre en otro lado, Nu.
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