Andrea va leyendo por si misma sus primeros libros, y eso lleva a la inevitable consecuencia de que ha quedado atrapada en el encanto de una piedra azul.
No sospeché, cuando compré el libro, que le fuese a gustar. Bonitos colores, sencillas ilustraciones, pero una historia más o menos compleja.
Pero dejarlo sobre la mesa de juegos y que Andrea se enamorará del libro fue cosa de un segundo.
No entiendo por qué, pero lo abraza, lo sincera y lo toca con su mano muy despacio, dentro muy dentro en las ilustraciones que hay hoja tras hoja.
Lo deja olvidado y de repente dice: “¡es verdad, la piedrazul!...” mira el libro y lo cuenta a su manera, pasando despacio o rápido las páginas que le interesan.
Ya nos lo ha contado a Pablo y a mi unas quince o veinte veces. A otros espectadores, unas cinco veces.
Admito que cambiar el papel de cuentacuentos, sienta muy bien. Es ella la lee y Pablo y yo los que aplaudimos. Y decimos inspirando muy fuerte: “Haaaaaala!”
Asombrada y encantados.
Ella por la piedra azul y yo por su entusiasmo.
Tienes que dejar que te lo cuente.
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