Llegó a casa, indignado, con una revista de la Nacional Geographic en la cual el reportaje central versa sobre un hombre de 42 años, con dos hijos, separado y sin ningún entrenamiento físico adecuado que sin pensárselo dos veces se lanzó a la carretera con una bicicleta a dar la vuelta a Australia.
Casi nada. Una vuelta.
Si él puede, a esa edad, en esas condiciones, nosotros podemos.
Podemos lo que sea.
Es como erguirse sobre la falta de potencial de un semejante y generar automáticamente energía cinética.
Potencial, cinética.
Todo es relativo, la verdad.
Como ver una película, salir del cine, coger la bici, decir a todos: “adeu”, y rodar 4 días por la geografía nacional.
Y relativizo, entre cables interiores que conecto y desconecto. Me doy cuenta ahora que empujo la bici de mi hija de tres años, y que ella protesta. Al empujar la espalda de mi niña, me doy cuenta de la fuerza que yo hago. Que hace mi brazo, mi espalda, mi yo. Y hago fuerza porque hay pendiente. Si fuese de bajada no haría fuerza y Andrea no protestaría y pedalearía sintiendo que ella es la pura energía cinética, sin añadir el ejercicio del potencial. Andrea es pura energía cinética, que imagen. Pero entonces me voy al caso contrario, a la vez que intento empujar a Andrea sin que se de cuenta, y es que mientras más pendiente existe más fuerza es necesaria y más protesta mi hija porque yo creo que ella no podrá ser capaz de subir tanta pendiente. Está fuera de la campana de gauss de las posibilidades. Mi temor es potencial. Temo a la montaña, creo en la campana de gauss, porque mientras más pendiente exista, más fuerza es necesaria. Y como este planeta es causa y efecto, pienso que la montaña es excesivamente fuerte. Y procedo a catalogar todas las montañas en términos de fuerza, y me pregunto si el Everest es la cosa más fuerte del planeta o debería empezar a catalogar también hondonadas y valles. Y me salto los océanos porque rigen leyes diferentes. Y entiendo que la montaña no va para ninguna parte porque se equilibra lo que sube con lo que baja, a excepción de que te mueras en la cumbre como Mallory. Que a buen seguro protestaba si un sherpa nepalí se ofrecía a empujarlo por la espalda.
Y es que Mallory seguro pensaba que podemos lo que sea. Y que todo es relativo. Porque a Mallory lo encontraron gracias a su espalda.
Así que concluyendo, el tema de los potenciales y el cinetismo, si un hombre que está claramente fuera de la campana de gauss de las posibilidades puede dar la vuelta a Australia sobre una bicicleta sin morirse y sin que lo empuje su madre (por correspondencia parental), entonces no hay nada que temer de las fuerzas potenciales que se esconden en lo plano, en las pendientes positivas y negativas, mucho menos en el interior.
Y henos aquí, que para hacer todo este recorrido, he tenido que conectar y desconectar unos cuantos cables dentro de mi, y volver a las ecuaciones con tiempos al cuadrado, a habitaciones con moqueta y revistas de la Nacional Geographic desperdigadas por doquier, a la estantería del buen montañista, al padre, a los hijos, a las madres y al cabronazo que dio la vuelta a Australia sobre una bicicleta con veinte años más que nosotros y que por si fuera poco, van y le hacen un reportaje central en la National Geographic.
Puf!
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1 comentario:
Siempre hay largas manos que te empujan.
Como hay otras que intentan agarrarte y tirar para atrás.
Padres, madres, vecinos, amigos, socios, tios, competidores, hijos, parejas, enemigos, amantes, heroes, malos ejemplos, primos, transeuntes, padrinos, compañeros, gente que pasa, mascotas, leyendas, desconocidos, mitos urbanos...
A veces lo dificil es saber cual te hace avanzar y cual te frena.
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