lunes, 5 de noviembre de 2007

Explorando ideas concatenadas

Unido al hecho de que soy idiota y que prefiero mirar tres pollos a atender una chica que me habla, llevo un buen rato intentando escribir una carta en inglés y no me acaba de salir como quiero.

Busco una palabra que no sé cómo traducir.

Así que estoy perdiendo el tiempo, escuchando le 11 y 6 de Fito, editando fotos, escribiendo un par de ideas para Swibel y Spica y pensando que esta semana va a ser complicada.
Procastrinación aparte, Fito Paez, sugiere que si te cruzas con él por la calle y no te saluda, no es que sea antipático sino que está pensando en su propia muerte o algo así embebido en una metáfora de brisa que se le pasa y que es la intuición de su destino.
Que morro.
Bonita excusa para un antipático.
Al mismo tiempo, leo un libro donde el protagonista hace cursos por correo con cintas de audio, y cuando no está de acuerdo con alguna idea, rebobina una y otra vez hasta que comprende lo que la frase quiere decir. Si lo dice alguien que sabe más que él, hay que esforzarse en descubrir lo que allí hay dentro. Debería probar con lo que dice Fito, ya que no estoy muy de acuerdo.
Lo cual me lleva a recordar que tuve un profesor de física, que decía que la probabilidad de que una tiza atravesase una pared, existía y era real. Muy pequeña, pero real. Había una diminuta posibilidad de que los átomos vibrantes de una pequeña tiza, “coincidieran” exactamente con la vibración de los átomos vibrantes de una pared cualquiera, y en un preciso momento, todos los espacios coincidiesen dejando pasar la tiza a través de la pared, pulcra y sorprendentemente.
Y entonces, ¡ZAZ!, lanzaba la tiza contra la pared...
... y esta rebotaba y despertaba nuestras mentes –y nuestra risa-.
Por eso, no hay que dejar de lanzar la tiza contra la pared. Ni el profesor, ni yo, ni usté, ni tú, ni tú, ni tú.
Hay una remota posibilidad de que ese lance único suceda.

Ya tengo la palabra que intentaba traducir.

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lunes, 23 de julio de 2007

in-vertebrados

"la pizza como eje vertebrador de una filosofía de vida"

cuando una frase así se instala en tu cabeza, empiezas a plantearte si tienes algo que compartir con el mundo (como la pizza), o estás escuchando demasiados discursos de Gallardón sobre la m-30 y las vértebras de Madrid.

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jueves, 12 de julio de 2007

Tres ideas: delante del ordenador




1. Mi jefe
Días de mucho trabajo. Lo he resumido en un SMS que le he puesto a una amiga el día de ayer: “estoy desbordado”. Mi jefe es muy buen jefe (el mejor que he tenido nunca) y nos invita a quedarnos por la tarde para currar como buenos currantes que somos. Me doy cuenta que en épocas de presión, trabajo más a gusto, más concentrado, y con la extraña sensación de que soy más útil a mi equipo en semanas como estas que en todas las demás.

Hace dos semanas mi jefe se ha sentado conmigo para hablar de mi futuro laboral. Sabe que me aburro una barbaridad en los tiempos muertos, y sabe que eso desmejora mucho la calidad de mi trabajo. O como el suele decir: “la aportación de valor”. Deja la pelota en mi tejado y me invita a moverme.

Soy un alfil, una torre, un caballo. No un peón. Era un peón. Soy un peón. Una torre, un caballo, un alfil. Vaya días tan oportunos para volver a jugar al ajedrez.

Como nos quedamos por la tarde, volvemos a comer en el bar de enfrente y mi jefe (que no tiene a nadie en casa por estos días) decide venirse con nosotros. Hablamos de camino al bar, de trabajo, de la empresa, de lo lamentable que es la dirección a alto nivel, de los días estivales, de no tener a nadie en casa por estos días. Curiosamente no hablamos del telediario, ni del tiempo, ni de fútbol, ni de temas repetitivos.

Hace una semana me he sentado con mi jefe a proponerle un nuevo futuro laboral para los dos. Me aburro una barbaridad delante de los cientos de excel que gestiono diariamente y sé que estoy afectando a la calidad del equipo. No aporto el valor necesario y tengo una propuesta interesante.

Nos sentamos a la mesa, y todos pedimos la misma ensalada (jardinera, con pasta de lacitos y salsa rosada con maíz dulce) y los mismos escalopines al vino. Cuando nos traen los escalopines noto lo diferente que afrontamos el plato mi jefe y yo. El trocea todo de una vez, dejando pequeños mini-escalopines por todo el plato y yo voy cortando según voy comiendo; y dando vuelta al filete según corto. Sabe un huevo mi jefe. La practicidad y eficiencia que le sale por los poros es extensible a todo lo que hace. Llámese filosofía o velo sistémico, el caso es que hay coherencia en mi jefe. Y según lo veo, creo que he acertado con mi propuesta. Los dos estamos de buen humor y nos entendemos mejor desde hace una semana. Trabajo más concentrado y poco hay que criticar bajo presión y al 120% de rendimiento. Es duro aprender el uno del otro y disfrutar algo tan sencillo como picar un filete de forma divergente o con coherencia, o trazar una línea discontinua entre cien hojas de excel. El tema es asumir cómo funciona orgánicamente cada uno y mirar hacia el futuro. Hallada esta claraboya, es cuestión de tiempo avanzar un paso más.

En octubre, dejo mi trabajo.

T5cD!

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2. El negro es negativo, el rojo positivo (¿o era al revés?)
He puesto cables de batería a batería de coche, muchas veces. Muchísimas cuando tenía un mustang más viejo que yo y algunas menos ahora que tengo un Fiat que envejece conmigo.
Hoy me he dejado puestas las intermitentes todo el día. Y se ha descargado la batería.
Dar a la llave y que parpadeen todos los íconos luminosos como diciendo “ohhhh, vénganos por nuestro honor, por favor” es una situación difícil de afrontar bajo la calurosa tarde de un miércoles.
Así que he abierto el capó, he sacado los cables de contacto, y me he puesto en mitad de la vía a esperar un incauto de buen corazón.

Y ha picado un PEUGEOT ULISES de grandes dimensiones.
Pero ha sido en vano. Créalo o no querido espectador, no hemos podido encontrar la batería. Allí estábamos, quien esto escribe, con las dos pinzas (rojinegras) mordiendo al aire como pirañas y el altruista chofer del FIAT ULISES, manual en mano, intentado localizar la dichosa batería. Dos pardillos machacados por la modernidad. Se ha marchado, el de la ULISES muy decepcionado.

De nuevo a la vía.
Y de nuevo ha picado otro coche, esta vez un SMART de pequeñísimos espacios.
Una chica muy amable, lo ha intentado, pero no hemos podido abrir el capó del pequeño coche. Sólo una especie de ranura con tapa desmontable que daba acceso a dos o tres bocas de fluidos y nada más. Se ha marchada consternada y con sensación de llevar un coche poco práctico. O poco coche.

Salto al asfalto, nuevamente, y cae un BMW de última generación.
Muy amable el tío todo trajeado, pero fue más un alarde de “hypertecnologíaalemana” que otra cosa. No encontramos batería alguna, y todas las entrañas debajo del capó parecían más el equipamiento de la nave que trajo a Supermán a la tierra, que el de un coche de este año. Se fue ligero, como llegó.

Último intento, antes de la opción de abandonar el coche e irme a casa en Metro.
Pasa un compañero de trabajo con un Ford Fiesta azul.
Cable pati, cable pami, ñiqui, ñiqui... rummm, rummmm... “que no se te cale cabrón”. Mil gracias. Eres todo corazón. Pagaré tus cafés de toda la semana. Bien. Ruuuummm, rummmmm!!!

Esto no lo contaban en las revistas de Mecánica Popular.

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3. Conocí una chica en Noruega
Fue instantáneo.
La parte descorazonadora del encuentro debería ser que ella apenas supo que la conocí en ese breve instante de reojo.
Y digo debería, porque conocer a alguien en un pis-pas no significa que te guste.
Lo mismo aplica si apenas te das cuenta de que te conocen en un instante.

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jueves, 5 de julio de 2007

Invitación

Tengo 15 minutos para comer algo, antes de entrar al cine.
Entro en el bar de Lempika, a por un cortado y una tarta. Es el bar donde recogí el libro de las mujeres viajeras y que dejé luego en un bar de Gran Vía.
Reconozco a la María José, que me dejó el libro la primera vez.
Pido una tarta de queso y el café.
María José me reconoce y me recuerda de la foto que hice del dios mono y la tarjeta del restaurante. Me cuenta, junto con su compañera que han usado la foto en su blog y en su página web. Hablamos algo de fotos, y todo lo que se puede hablar en cinco breves minutos. Gente de la calle. Gente de Madrid.
Traigamos a esa gente al bar.
Está muy bien esto de la fotografía, abre vertientes que no pensé que fueran posibles para mi. Me invitan a llevar algunas fotos y exponerlas en el local.
Yo alucino.
Acepto.
Aceptan.
Tengo que elegir algunas fotos y volver luego a por otra tarta y un café.
Y lo mejor, es que tengo una idea para todo este tema.
Creo que estará bien. Madrid necesita de más entropía.

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jueves, 28 de junio de 2007

Las ciudades son historias (i) Giorgo, Valentín y la princesa mayor

Ergo, según el último post de ciudades, los puzzles son historias
-siempre quise usar la palabra ergo, con propiedad-


Imagínese una música de violín.
La de Giorgo.
Imagínese un repiqueteo de guitarra.
El de Valentín.

El uno italiano, el otro argentino.
Y usted lo que sea que sea.

Ahora sujete la mano de valentín, la mano de giorgo, la del lince de villanueva del páramo, la de la señora del sombrerito rosa de tucumán, la de antonio el pintor de plaza mayor, la del cowboy que se recuesta sobre la librería del corte inglés en puerta del sol, la de stoikov el acordeonista de plaza de oriente... y empiece a girar.

Gire como poca cosa, y gire, gire, gire, gire, hasta el cansancio. Como el cansancio de dios.
Y ahora...

Pare.
Stop.

¿Mareado?, ¿cansado?, ¿confundido?

Esa pequeña introducción de allí arriba pretende decir, que en mi diario encuentro con Madrid, algunas veces voy atento a las historias que hay en las calles, las paredes, las personas, y que si acaso una melodía te sujeta con amabilidad y te hace girar es decisión propia el seguir girando o decir “yo me bajo”. No profundizar en lo que asombra, sino dejarlo estar. Porque de alguna forma, tampoco es prudente querer abarcar todo lo que se ve o se oye. El murmullo, la imagen borrosa, la intuición de que algo aguarda. Ya lo dijo la sabia “tochilarga” que no todas las escenas deben ser fotografiadas. Y eso practicaba yo, los últimos días.

En eso estaba.

Pero resulta que ahora las historias, salen a la palestra por si solas. Con algo de ayuda, por supuesto.

Llevo conmigo, desde hace semanas, unas diez fotografías de personajes y personas que viven la calle, el centro de Madrid, y poco a poco las he ido dejando en manos de sus dueños como cierre de mis historias con ellos. No como apertura, pensaba yo, sino como final; y pensar: al revelar la foto y que le he fotografiado, se cierra el ciclo de seguir observándolo. También como agradecimiento, un regalo diferente a una moneda, una sorpresa en imagen que casi siempre es bien recibida. Había repartido cuatro de esas fotografías hace algunos días, y me quedaban seis. La quinta la entregué a Stoikov a las 6 de la tarde del día de hoy. Estaba merendando con un par de amigos músicos y le gustó mucho la foto. Me dijo su nombre y me dio las gracias. Le devolví las gracias y me marché. Historia cerrada. Me quedaban cinco por repartir.

Un pintor, un guitarrista, una muñeca roja, un violinista y un churrero.

Subí hasta Plaza Mayor y aquí es donde se tuerce el objeto y el contenido. Voy buscando a mi pintor sin mucho ánimo, ya que es día de semana, y allí está, al final de los arcos, más cerca de la puerta que da a la Santa Cruz. Me detengo. Me mira. Mira la bici. Está leyendo. Yo sin decir nada, rebusco en mis bolsillos y saco su foto. Me la pongo en la boca, mientras guardo las demás y el pintor me mira de reojo. Vuelve al libro, y le interrumpo:

- perdone que le interrumpa, tengo una foto de usted.

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PD: este post originalmente tenía cuatro partes e iba íntegramente para swibel. Por alguna razón me ha parecido mejor separarlo en las cuatro parrafadas, y subir las tres primeras en cada blog. La cuarta, es la más fantástica y extraña, y encierra esos momentos de la vida, que duran 2 ó 3 minutos y en el que todo alcanza una cierta altura –no intelectual, ni emocional-, un “no hacer nada”, al acorde de un violín, de la mirada atenta de una señora. Esa parte, prefiero contarla a aquel que me recuerde que existen esos 2 ó 3 minutos. Eso si, os dejo la alegría personificada de un encuentro entre lo imaginario y lo real.

martes, 26 de junio de 2007

Sin manos




Parque el Capricho,
Debajo de un pino.
Mediodía.
Fresquitos.

Jo.

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viernes, 15 de junio de 2007

hogar al norte

Una vez encontrado el Viento del Norte, hay que pedirle que nos lleve a su casa.
Y es lo que he hecho.
Y seré un pastor de ovejas noruego, al menos por tres días.

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